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lunes, 18 de febrero de 2013

Fruta Prohibida: Capítulo 3



Lara




Recién a las dos de la mañana, Gerard despidió a su amiguito. Baje corriendo a la primera planta para encararlo. ¿Cómo se le ocurre hacer guarradas en la sala de la casa de nuestros viejos?  ¿Y si ellos venían? Y sobre todo ¡Acaso está loco como para meterse con ese viejo! ¡Encima ese viejo trabaja con su viejo! ¡Tienen la misma edad! Estaba indignada, asqueada. Gerard estaba loco. Si no se estaba tratando de matar, se estaba revolcando con algún pobre diablo. El tipo ese era un pervertido. Gerard no tenía ni DNI celeste. Su cuerpo estaba conformado aún por grasa infantil. Hasta ahora no entiendo porque no baje las escaleras y boté a patadas al viejo ese. Supongo que primero era para no generar un escándalo. Mi hermano y yo cuando nos alteramos, gritamos tanto, que todo el vecindario se entera y serenazgo termina en la puerta de la casa preguntando cuál de los dos está herido. Además, el tipo ese es congresista. Le arruinaría la carrera, claro eso no me importa, pero nada me garantiza que el infeliz no se vengue y  le arruine la vida a mi viejo.
Lo primero que tenía que hacer, era cuadrar al imbécil de Gerard. Luego me encargaría de ese pervetido. Esto no podía repetirse. Si mis viejos se enteran, a quien van a culpar es a mí.

¾    ¿Puedo saber qué carajo hacías?
¾    ¿Acaso no viste? ¡Es tan perfecto! -  dijo caminando hacia la cocina
¾    Déjate de tonterías, ese sujeto es un viejo cuarentón ¡cómo te atreves!
¾    Tiene una de 25 centímetros también. – su rostro se ruborizó -  Vamos Lara, no me jodas, además ¡Tú también has metido a alguien a la casa!
¾    Ese no es asunto tuyo
¾    Entonces tampoco lo es Él, ¿OK?
¾    Gerard, ella es una compañera de universidad que se peleo con sus viejos, en cambio él es un viejo, amigo de Donald y tu se la haz estado mamando
¾    Ni me lo recuerdes – dijo sonriendo – ya deja de joderme y mejor te cuento ¿sí?
¾    ¡Déjate de huevadas Gerard! ¡Vas a meter en problemas a mi viejo! Deberías agradecer que no llamé a la policía.
¾    ¡Pero si es joven! Tiene treinta y nueve añitos, o sea jovencito si ya no me mires con esa cara.
¾    Estoy hablando en serio
¾    Yo también hermanita, mejor siéntate – dijo acercándose a la nevera, sacó un par de cervezas heladas, me dio una y el comenzó a beber la otra – Uff que rico, me moría de sed, bueno… te decía. Lo conocí ayer, en la cena de papá. Yo ya lo había visto con mi viejo hace tiempo y bueno, siempre sale en la tele. Así que empecé a caminar  cerca de él y ¿adivina qué? ¡Se me acerco!
¾    Tiene más de cuarenta años ¿Qué rayos pasa contigo?
¾    ¿Me vas a dejar hablar o no? Si no fuera, por él, ya estaría muerto
¾    Déjate de idioteces
¾    Déjate tú de idioteces y déjame hablar. Bueno, sigo. Se me acercó y empezó a decirme cosas, esas que alguien te dice siempre para querer meterse a la cama contigo. Es que eso pensé pues, me dijo que hacia tan solo aquí, que era lindo y cosas así, me desnudo con la mirada, con esos ojazos que se maneja.
¾    Gerard, no puedes volver a verlo
¾    ¡Déjame hablar aguafiestas! ¡Ese hombre es perfecto para mí! Al menos para mí lo es. Luego de tanta palabrería, nos fuimos un ratito al jardín. Ahí donde están esos duendes feos que puso mama para crear el bosque de blanca nieves, bueno pues me acomodó entre los enanos y me beso. No te imaginas lo rico que besa. Con lengua y todo. Primero se me acerco y lamió mis labios, yo me derretí. Lara te juro que me derretí como un helado, luego con sus manos me acerco, agarrando mis caderas y chocando mi cuerpo con el suyo.
¾    ¡Gerard!
¾    ¡No me interrumpas! ¿En qué iba? Ah, sí. Nos dimos un beso largo y apasionado, metí mi mano por debajo de su camisa, lo toque rico y sentí como se endurecieron sus tetillas. Lara te juro que ese tipo es…
¾    Un viejo
¾    ¡Cállate! Luego de eso, sonó su celular y se fue de mi lado sin decir nada. Me dejo todo caliente, con ganas de más.
»Obvio que me amargue pues, quien lo llama y me jode mi beso. Ya pues me metí a la casa y me volvió a hablar, hasta que papá se acercó y nos presentó, casi le da un ataque cuando se entero que Donald era mi papa. Pero ya que, hablamos un ratito y le dije un par de cochinaditas, esas mañosas para calentarlo un poco y me dijo al oído que me quería follar, no sabes como me puse, no sabes, era para tomarme una foto con la cara de idiota que puse, hasta creo que babee.
»Bueno pues ahí mama nos llamó a cenar, él tuvo que irse y ya pues creo que me tire encima de él y le deje mi celular… y adivina que, me llamo pues, obvio que me llamo al rato nomás a la hora, y quedamos en vernos al día siguiente. Si pues, con el almorcé. Por eso desaparecí y no me viste. Hablando de eso, ¿Que almorzaste? Yo casi lo almorcé a él. Y claro, hablamos un montón hasta que tuvo que regresar a la oficina. Pero yo quería seguir estando con él. Así que me quede vagando por ahí cerca nomás de su trabajo. Exactamente me fui al cine y hasta intente jugar en las maquinas esos de juegos en Coney Park, pero perdí.  »Ya, no me mires así, ya sé que falte al colegio, pero créeme que valió la pena. La cosa es que lo espere hasta las ocho de la noche. Se quedó idiota al verme afuera de su trabajo, felizmente Donald no me vio si no ahí se armaba la grande. Ya bueno nos subimos a su carro y compramos en el automático del KFC algo de comer, nos estacionamos por ahí nomás cerca de un parque y comimos. ¡Comida eh! De ahí… hablamos de mas cosas, yo le pregunte de todo, es que me moría por saber de él pues, tan perfecto. Luego terminamos, nos acariciamos y nos besamos. La cosa se puso tan bien, que le dije para venir acá a la casa pues, mas cómodos, y nos quedamos besándonos. Hasta que no pude mas y lo toque, nos tocamos rico un rato nomás y yo que me moría de ganas de vérsela, tocársela…  Y bueno pues Lara ¡Qué vergüenza! pero es que me moría por chupársela y lo hice y casi me atraganto, pero que rico.
¾    Eres un asco
¾    Hay por favor, que a ti no te gusten, no quiere decir que no estén buenas ¿Ok? A mí me encantan, sobre todo la de él, de Frank. Creo que estoy enamorado Lara, si creo que me enamore de él. Mañana, diré ya más tarde hemos quedado en vernos para terminar de consumar la cosa. ¡No sabes yo estoy como loco por verlo! Así que me voy a la cama ¿ya? así duermo y sueño con el ahora que aun tengo su olor en mi piel.
¾    Gerardo Arturo, déjate de huevadas. Ese tipo es un viejo. Si vuelves a verte con él, le diré a papá y no creo que te haga gracia eso.
¾    Si le dices a papá, le digo que metes putas a la casa, te drogas como una loca y encima ¡no te bañas!
¾    Gerard, tienes dieciséis años. ¿ENTIENDES? ¡DIESCISÉIS!


Gerard no me hiso caso y se fue corriendo a su habitación para encerrarse. Lo peor de todo es que no me iba a atrever a decirle nada a mi viejo. Primero porque por más que me quiera, yo no soy su hija. Gerard si es su hijo. Y en algún momento he metido putas a la casa, me he drogado hasta la inconciencia y casi nunca me baño. Pero tampoco me puedo quedar con los brazos cruzados.
Me quedé sentada en la cocina un rato dándole vueltas al asunto, pero no se me ocurría nada para que Gerard deje al viejo ese. Las cosas habían cambiado tanto de un día para otro. Ayer Gerard estaba cortándose a punto de quitarse la vida. Yo estaba llorando por Emily y ahora tengo a una linda chica – con un poco de problemas, creo que es una drogadicta y media puta -  durmiendo en mi cama.
 Y hablando de ella ¿Por qué rayos la eh metido a mi casa?  Le eh dado una cama para dormir, ropa y comida. ¿Y ella? Creo que ha sido un poco cabrona conmigo.
Fui a la sala y me acurruqué en uno de los muebles. Obviamente no en el que Gerard había estado con Frank. Y me quedé dormida pensando en ella.

Me desperté a las ocho de la mañana, con la ayuda del despertador. Tenía clases a medio día, así que me sobraba el tiempo para pasar el rato con mi invitada. Me levante, saqué un yogurt y me puse a imaginar a Julieta entrando a la cocina vestida sólo en delantal.

¾    Me voy a ver a Frank – dijo Gerard sonriente bajando con una mochila colgada
¾    Vete al colegio – le dije
¾    No me jodas Lara, él es mi novio, así que no te metas
¾    ¿Ya son novios? – le pregunte sorprendida
¾    ¡¡Claro!!... crees que a cualquiera se la voy a chupar, no pues Lara estas bien equivocada – me dijo indignado
¾    Lleva las cosas con calma Gerard, ese tío sólo te va a traer problemas

Me dio un poco de cosa escuchar a mi hermano decir que ese viejo era “Su novio”. Un tipo de treinta y nueve años con mi hermano de dieciséis. Un mocoso con serios conflictos internos, un largo expediente de intentos de suicidio y depresión. No tenia ganas de que las cosas se repitan con Gerard, yo no iba a soportar nuevamente esto, y sabia que mis padres tampoco, aun lo recuerdo, aun me lacera el corazón, mi hermano muriéndose, mis padres como locos, yéndose de casa, él culpando a todos, culpándolo al “él” de turno. No, no podía repetirse esto de nuevo, debía de controlar su obsesión, no tenían que llegar más lejos las cosas. Me puse a pensar un rato, imagine a Gerard a las afueras de la casa del viejo ese, esperándolo, espiándolo, se me erizo el cuerpo. Frank no era un niño, era un hombre mayor. No quería que lastimaran a mi hermano, no quería que sufriera más.

Seguí dándole cuerda a lo de Gerard, hasta que Julieta volvió a mi cabeza. ¿Pero qué clase de anfitriona soy?  Estuve por subir a mi habitación, supuse que ella aun dormía, así que empecé a prepararle algo de desayunar. A pesar de la actitud arisca de Julieta, algo me impulsaba a estar a su lado, a intentar entenderla, ayudarla y quizás intentar sacarla de ese agujero negro. Quería saber más de ella, preguntarle muchas cosas, sobre todo por qué accedió a venir conmigo. A pesar de todas las cosas desagradables que me había dicho. No es que me dolieran, pero es que no la entendía y realmente quería hacerlo. Si pensaba ayudarla, tenía que entenderla antes. Me puse a hacer unos wafles y los serví en un plato, les unte miel y puse un trozo de mantequilla a lado. También serví un vaso de leche, y un bol con fruta picada que siempre tenía en la refrigeradora. Subí todo con cuidado en la bandeja donde le serví la cena, tenía miedo de que todo se me cayera. Toque la puerta un par de veces pero no respondió, espere un ratito pero nada, así que decidí entrar.

¾    Despierta, te traje algo de comer – dije cargando la bandeja

Sonreí a la nada, y me quede viendo toda mi habitación, parecía que había pasado un huracán dentro, mi ropa estaba tirada al igual que mis objetos personales, todo estaba revuelto y claro ella no estaba. Deje la bandeja en mi escritorio y me acerque a la puerta del baño, abrí la puerta quizás con la estupida idea de que ella estaba dándose una ducha y había estado buscando el champú, pero obviamente tampoco estaba.
Me quede inmóvil, no dije nada, pasaron unos minutos hasta que reaccione y me senté en el borde de la cama. Todo me daba vueltas, todas las cosas malas venían a mí. Recordé a la psicóloga de la universidad, a Emily, a mi vieja obligándome a maquillarme a los 12 años, a mi papa gritándome por algo que no hice, a Donald pidiéndome que use un vestido de color y no negro, a las risas burlonas de las tipas en el colegio y sobre todo me acorde de la ultima vez que vi a Sofía.
Me pare de la cama y arranque las sabanas y las lance por mi ventana al jardín, empecé a recoger mis cosas del piso y vi mi billetera tirada abierta y vacía. Busque en mi closet mi cajita favorita, esa donde tenía todo tipo de drogas recreativas y la encontré rota y sin nada dentro. La muy maldita me había robado, se había burlado de mi, abuso de la confianza que le di. Mierda, me volvieron a ver la cara de idiota, genial era lo que me faltaba.
Sentí ganas de llamar a alguien, contarle todo esto, que me escuche, que me diga algo y me haga sentir mejor. Por inercia marque el número de Emily, maldición no contesta. Recordé que no iba a contestar, Emily ya no estaba para mí, estaba para Howie, su novio, su futuro esposo y yo solo era un vago recuerdo de una calentura para ella. ¡Mierda!
Prendí mi laptop y escribí, escribí como si de eso dependiera mi vida, lo hice y me sentí un poco mejor. Al medio día iría a la universidad, la vería y le partiría la cara a esa estúpida.

El timbre de casa sonó, mi corazón casi sale de mi boca, no podía creerlo ¿Regreso? Quizás se metieron unos ladrones y la secuestraron a la pobrecita. Baje las escaleras como una loca, descolgué el intercomunicador con torpeza, tome aire y hable.

¾    ¿Julieta?
¾    No señora, somos de Sedapal, venimos a revisar su tanque de agua
¾    ¡Váyase a la mierda! - grité
Tiré el auricular del intercomunicador y me puse a llorar como una magdalena. Me sentía estúpida y lo peor era que sabía todo esto era mi culpa.
Cuando me calme, un par de horas después,  recogí mi bolso de la universidad y fui al departamento de mis viejos.  Nunca voy a visitarlos, es que es muy lejos (yo vivo en Chaclacayo y ellos en Miraflores). Sólo estaba mi mamá. Se estaba pintando las uñas mientras miraba televisión. Se sorprendió cuando me vio. Lo primero que dijo fue:

¾    ¿Te has estado drogando?

 Cuando le dije que no, me pregunto porque mis ojos estaban tan rojos. Así que le conté una verdad, casi cierta. Me habían asaltado, no tenía billetera ni celular. Mi madre se asustó y me dijo que de ahora en adelante tengo que andar con un hombre de seguridad de papá. Mejor otro día mamá, le dije, tengo que ir a clases. Mi madre me apachurro en su cuerpo y me regaló una estampita de la Virgen María, junto a quinientos soles. Aparte de eso me dijo que me enviaría con el chofer un nuevo celular. Se lo agradecí y salí cómo alma en pena a la universidad.

Cuando llegué, cruce la facultad de arte y empecé a buscarla con la mirada, pero no tuve suerte, seguro estaba durmiendo en la casa de algún tipo o estaban follando en este momento.  Trate de no pensar más en ella, así que me metí a la cafetería y pedí un café cargado y una empanada. Eran casi las once, cuando recordé que la psicóloga me había dado cita. Mierda. Lo último que me faltaba. Corrí hacía el pabellón donde estaba la consulta, en ese momento justo salía su paciente anterior. Un gordito con cara de buena gente. Tenía un aspecto triste, cuando salió me quedo mirando a los ojos. Luego se fue arrastrando los pies. Diablos, era el tipo que acompañaba a Julieta ayer.

¾    ¿Lara Grey? ¿Cierto?
¾    Si
¾    Pasa, pensé que no vendrías
¾    Si, sólo que no puedo quedarme mucho tiempo tengo examen y quiero estudiar un poco antes – si le decía que quería largarme, posiblemente me olvidaba de Literatura Rusa
¾    Así que examen ¿No?
¾    Sí… - mentí
¾    De acuerdo, si colaboras te iras pronto – yo asentí y ella sonrío – Dime Lara, ¿Qué es lo que pasa contigo?  
¾    Eh… - dije sobándome los ojos, mierda seguro aún estaban irritados.
¾    ¿Porque llegas tarde a clases?
¾    No es que siempre llegue tarde, solo fue un par de veces pero Gasterumendi es un exagerado y me mando aquí, es que mi padre trabaja hasta tarde y yo me quedo esperándolo para conversar un ratito y a veces me quedo dormida en las mañanas
¾    Es muy dulce lo que dices, pero… ¿Cómo explicas que llegues con olor a alcohol y cigarrillos? – la psicóloga abrió su libreta y se puso a apuntar
¾    Siempre hay cócteles en casa y bebo un poco, por el apuro de venir a clases despierto tarde, no me baño y vengo así
¾    ¿Tus padres beben con frecuencia? ¿Beben contigo?
¾    No, sólo un par de copas en algún evento
¾    Tomas muchas por lo que dice el profesor, haz llegado cinco veces con fuertes olores
¾    Solo fue una vez, lo que sucede es que soy un poco descuidada de mi apariencia y la ropa siempre queda impregnada de olores. Entonces a veces no me doy cuenta y me pongo lo que encuentro por el apuro
¾    O sea, nunca lavas tu ropa
¾    Bueno, pocas veces
¾    Ya veo Lara, dime ¿tienes novio?
¾    No
¾    ¿No? ¿No te gusta ningún chico?

No pensaba decirle que no me importaban los chicos. Si le decía eso me iba a soltar el disco de algo.

¾    Por ahora, solo me preocupo por mi estudios - mentí
¾    Ya veo Lara – vio su reloj – te dejo para que estudies, ¿Te parece si nos vemos el próximo lunes?
¾    Claro, dígame podré ir a literatura rusa
¾    Por supuesto, pero lava tu ropa antes ¿eh? Una señorita debe estar muy limpiecita
¾    Gracias por el consejo, lo haré – le di la mano – ha sido muy amable.

Salí casi corriendo de ahí y con una sonrisa en los labios, lo había logrado, me zafe de la psicóloga, estaba completamente segura de que se había tragado todo lo que le había dicho. Fui a clase de Literatura Contemporánea y no presté atención a nada. Me puse a escribir un cuento donde mataba a Julieta.  Cuando salí, me encontré con Mike.  Tenía cara de feliz cumpleaños. No tenía ganas de escucharlo, pero no tenía otra alternativa, ya había soltado el rollo.

¾    Me voy a ver a Ana Paula - dijo con una sonrisa en los labios
¾    ¿Qué? – le pregunte sorprendida
¾    Así como lo oyes, me dieron la visa, mi vuelo sale hoy a las diez de la noche
¾    ¿Estás seguro de lo que vas a hacer?
¾    Por supuesto, Lara estoy feliz. Iré a traerla. ¿Puedes creerlo? ¡Vendrá a Lima a vivir conmigo!
¾    Ella es una niña
¾    Tiene quince años, no es ninguna niña, además yo tengo veinte.
¾    Es menor de edad, Mikey piénsalo un poco por favor, no quiero que te metas en líos
¾    No hay líos Lara, todo esta arreglado – sonrío – traeré a Ana Paula y seremos muy felices juntos.

No le dije nada más, sabia que estaba botando saliva en vano, Mikey era así de obstinado, prefería no pelear con el, además tenia demasiadas cosas en la cabeza, como pensar como controlar a Gerard y claro, encontrar a esa cabrona ladrona.
Seguimos conversando de cosas que ni recuerdo, esas banales que siempre salen para no quedar en silencio y tratar de distraer a la otra persona. No me atrevía a contarle lo de Julieta, supuse que no quería darle más problemas de los que ya iba a tener. Lo acompañe a comprar un regalo a Ana Paula, una pulsera de plata con un dije de corazón, una cursilería, pero que mas, seguro la mocosa iba a estar encantada. Mi celular sonó, era Gerard, me avisaba que no lo espere a dormir en casa, que se quedaba con Frank. No me dejo hablar y me colgó. Ese era otro terco. No quería imaginar como terminarían las cosas. La última vez, su ex novio casi lo mata. Mi novia termino conmigo por su culpa. Mis viejos se fueron de la casa. Mi cabeza iba a reventar.

Al día siguiente todo estaba igual, vague por la universidad, fui a clases, la busque disimuladamente, pero no la encontré. Gerard por su parte aparecía en casa sólo para cambiársela la ropa. Lo mismo pasó el jueves y viernes. Mi hermano desapareció todo el fin de semana. El sábado yo me emborrache hasta casi morir. El domingo fue casi lo mismo, hasta que por la tarde media zombi, recibí una llamada de Mikey. Pensé que ya lo habrían metido preso por sacar fuera del país a una menor de edad. Su voz sonaba demasiado melosa, muy alegre. La odie. Me pidió que por favor lo recoja del  aeropuerto. El taxi que pidió le había fallado y Ana Paula no quería tomar uno de la calle. Mocosa engreída.
Casi me arrastré a la camioneta. No tengo idea como pude manejar de Chaclacayo hasta el Callao, pero lo hice con cinco botellas de agua a lado, que me ayudaban a mejorar la resaca.
Mi amigo estaba esperándome junto a una chica pequeña que abría mucho los ojos. Ojo, los abría no de curiosidad, si no, como de asombro. Parecía asqueada con todo. Mikey me abrazo efusivamente, ella al ver eso,  cruzo sus brazos y frunció el ceño. Por joderla, alargué el abrazo. Lo peor que puede haber en este mundo es la gente celosa. Mikey era mi mejor amigo, mi hermano y ella era una chiquita de quince años que sabia solo le traería problemas.

¾    Ella es Anita – dijo con ojos de borrego degollado
¾    Hola – le dije y tendí la mano

Ella sólo me levanto las cejas y se puso a besar a Mikey como si fuera a llevárselo a la cama ahí mismo. No le metí un puñete porque Mikey era mi amigo. Subí a la camioneta y ambos me siguieron. Se sentaron en la parte posterior. Quería matar a Mikey.

¾    No voy a estar adelante sola, no soy tu chofer Mikey – le dije
¾    Lara no seas así, es nuestro primer día juntos aquí – dijo sin mirarme

Lo mire con recelo y subí a la camioneta, no hable en el camino con ellos. Aunque tampoco me hablaron ellos. No dejaban de decirse cursilerías y besarse, si porque hacían unos sonidos asquerosos cuando sus labios chocaban. Me hice la loca, y seguí manejando, el espejo retrovisor estaba casi empañado con el sudor que había en la parte trasera de mi camioneta. Al fin llegue al departamento de Mikey, ellos ni se inmutaron, voltee a verlos y les informe que habíamos llegado. Me agradecieron, ella tenia una sonrisa en el rostro y apretaba su cuerpo al de mi amigo, quería reírme por su actitud infantil, por los celos que evidentemente me tenia, si a mi, sobre todo a mi. No aguante mas y me reí mirándola, es que era tan chistosa poniéndose en ese plan. Nos despedimos, los invite a comprar condones antes de irme. En el camino me puse a pensar que a pesar de la edad de Ana, de que sabia que habría problemas – no es que sea negativa, pero vamos es ¡obvio! – ambos estaban enamorados. Mikey estaba feliz, había encontrado a alguien, se veía que se querían muchísimo. Y yo, yo estaba sola otra vez.
Supongo que en ese momento debí pensar en Emily, en lo que me hizo, pero la única persona que vino a mi cabeza fue Julieta.
¿Dónde estaría?
Pensé en ella, y no entendía el porqué, debería tenerle cólera por haberme robado y burlado de mí, pero no podía.
No podía odiarla.
Suspire y al fin llegue a mi casa, abrí una botella de vino y la termine en un instante.
Quería verla, aunque sabía que era un error.

viernes, 11 de enero de 2013

Fruta Prohibida: Introducción + Capítulo 1

Serie Antiheroínas presenta:




FRUTA PROHIBIDA






Segunda edición, 11 de enero del 2013
Escrita por Carolina Tasayco Peñafiel
Todos los derechos reservados.
Esta prohibida su copia o reproducción total o parcial.
Te mataré si me copias. 




Uno no se enamoró nunca, y ése fue su infierno. Otro, sí, y ésa fue su condena.



La vida, la noche, tu duermes, te contemplo, la mañana, el sol, te vas, me dejas.
¿Mañana te veré?
C.T



Introducción 


Me presento como la anti heroína más autodestructiva que se me permita ser. No necesito tu lastima, no estoy aquí para que hagas comentarios tristes o estupidos sobre mi forma de ser o mi estilo de vida.
Soy Julieta, pero no tengo a ningún Romeo, es mas dudo que algún día lo tenga. Odio mi cursi nombre, porque desde niña mas de una idiota me a jodido preguntándome ¿Dónde esta mi Romeo?
¿Y que pasa si yo no quiero un Romeo?
Tengo 19 años y un largo expediente lleno de conflictos internos, con las mas autodestructivas ideas, no me preguntes ni te preguntes ahora el por que, es mejor que lo leas.
Aunque a veces, no se necesita una justificable razón para hacerlo, para cortarte, para drogarte o querer matarte, simplemente lo haces por que quieres salir de esta mierda que te rodea, quieres escapar de todos y sobre todo de ti misma.

A estas alturas de mi vida, eh evaluado seriamente algo.
¿Por qué el pecado de Adán fue comerse la manzana de Eva?
¿Por qué la manzana es algo prohibido?
¿Qué es realmente la manzana?
¿Por qué lo bueno tiene que ser prohibido?
Bienvenido a mi mundo, abróchate los cinturones e intenta no cerrar los ojos cuando sientas que te duela mas leer
.

Lara Grey - Literatura Creativa III






Capítulo 1




Lara







Al despertar, sentí su olor a mi lado.
Pero ella ya no estaba.
Otra vez se había largado sin decir adiós.
Bostecé y me acurruque en la cama, mirando su espacio vacío. Ese lado de la cama, que aún tenía la marca de su cuerpo entre las sábanas. Sonreí como una tonta, y luego bostecé intentando volver a dormir, hasta que recordé que era lunes y tenía clases.
Mierda.
Mire la hora. Eran las 9:15am. Mi clase con Gasterumendi era a las 8:30am. Estaba perdida.
Levante mi ropa del suelo y me la fui poniendo mientras me cepillaba los dientes. Sabía que el profesor no me volvería a perdonar esto. Tenía tardanza en todas sus clases y si no me botaba era porque era buen amigo de mi padre, o mejor dicho, mi padrastro. Jale mi mochila y baje corriendo por las escaleras con el perfume que me regalo mi madre en la mano. Prácticamente me bañe con él, para que se vaya el olor a fiesta que aun traía encima.
A pesar de que el profesor Gasterumendi insiste que tengo “problemas personales” mi rendimiento en la clase de Literatura Rusa no era nada malo, tenía un buen desempeño y sobre todo era real. Me gusta Vasili Grossmann, Tolstoi, Dostoievski, Anton Chejov y sus demás colegas. Además estaba en la facultad de Literatura por propia voluntad, me gusta leer mucho, y tenia la fantasía ya no tan fantasiosa de ser escritora, dedicarme a escribir y vivir de ello.
Me metí a mi carro, saque mi celular y le envíe un mensaje de texto a Emily. Me dolía la cabeza, necesitaba de un trago y ver a Emily otra vez. Esa chica realmente me gustaba. Hasta ahora no entendía como se pudo haber fijado en mí. Maneje a toda velocidad, volándome un par de semáforos rojos y al fin llegué a la universidad. Me fije en la hora, ya eran casi las diez de la mañana. Estaba perdida. Entre de puntillas al aula, tire mi mochila al piso y me senté en silencio, mientras Gasterumendi apuntaba algo en la pizarra.  

-        Y quizás, si Carol ni John Garrard, no hubieran tenido la valentía de publicar “La vida y el destino”, posiblemente nunca hubiéramos leído tan excelente obra, o no Señorita Grey – dijo dirigiéndose a mí – Por cierto ¿sabe usted qué hora es? – dijo cruzando los brazos, mientras levantaba una ceja
-        Lo siento, tuve una emergencia familiar – dije en tono de disculpa
-        ¡Guau! Ya veo que su familia se la pasa en emergencias
-        Mi abuela falleció
-        Su quinta abuela muerta del ciclo – todos en clase rieron y él se acercó a mí con un papel – retírese por favor y si le dan de alta, es bienvenida a regresar a mi clase

Sostuve el papel amarillo que llevaba mi nombre.
Era lo que ya me esperaba, me había amenazado con hacerlo y sabia que no iba a tardar en cumplirlo, le había dado más de un motivo y lo de hoy lo remato. Debí haber dicho abuelo en vez de abuela.
Era una cita con la psicóloga.
Mierda.
Hubiera preferido que me bote de la clase.
Salí del aula ante la mirada de todos y camine por el pasillo desierto.
¿Por qué rayos tenía que enviarme al psicólogo? Yo no tengo ningún problema. Ninguno. Lo juro. Quizás dormía mucho en las mañanas, porque bueno, a veces trasnochaba con Emily, pero…  ¿A caso eso era un problema?
Me fije en el papel y vi que la cita era para hoy a las diez de la mañana. A esa hora tenía Lingüística y la vieja Mendieta ya me la había jurado. Ahora que lo pienso, la mayoría de profesores me la tenían jurada.
Me fui a la cafetería a hacer hora y comer algo, creo que no había probado bocado alguno desde ayer, a veces estar de fiesta te hace olvidar cosas importantes como comer o bañarte, en fin. El campus de la católica estaba casi desierto, había uno que otro vago tirado en el césped mirando el cielo. Pedí una hamburguesa con kétchup y mostaza. Me la comí despacio hasta casi las diez y me fui a cambiar la cita con la psicóloga para no tener más problemas con Gasterumendi y menos con la vieja Mendieta por llegar tarde a su clase.

Fui al departamento de bienestar social y me plante en la puerta del consultorio psicológico. Cuando estuve a punto de tocar, unos gritos me hicieron desistir. Estuve a punto de irme corriendo de ahí, pero antes de siquiera moverme, fui envestida por un fuerte portazo en la nariz.

-        Julieta vuelve aquí – dijo una mujer de unos 50 años que iba tras ella, asumí que era la psicóloga
-        ¿Para que? ¿Para seguir llenándome con tu mierda?
-        Muestra un poco mas de respeto, no estas hablando con tus amiguitos – dijo la mujer con las manos en la cintura
-        ¿Mis amiguitos? Uy si me había olvidado que era “promiscua” - Hizo comillas con sus dedos

Ella volteo la mirada y se fijó en mí. Yo estaba tocándome la nariz, me dolía y estaba empezando a sangrar. Maldición era lo último que me faltaba, ahora me mandaban a la enfermería y llegaba tarde donde Mendieta también. La chica me quedo mirando fijamente, se le veía furiosa, por un momento pensé que me lanzaría un puñete para terminar de romperme la nariz. Tenia los ojos  grandes y rojos, no se si estaban así por la rabia o porque estaba muy drogada. Aunque por la forma que iba vestida, opto por la segunda opción.

-        ¿Te lastime? – me pregunto, olía a manzanilla y pintura
-        Supongo que estaré bien – puse mi cabeza hacia atrás para evitar sangrar mas
-        Eres Lara, ¿cierto?
-        Si… - quise decirle mas pero la mujer me interrumpió
-        Pasa por favor – me dijo tocándome del brazo y dirigiéndome a su consulta -  y tú,  te quiero ver la próxima semana aquí, ¿escuchaste?

La psicóloga me metió dentro de su oficina y siguió hablando un par de cosas con ella, luego entro ladeando la cabeza y colocándose unos lentes, cuando cerraba la puerta, la chica con olor a manzanilla seguía fuera y pude verla sonriéndome antes de salir corriendo del pabellón.
Sentí una extraña sensación en el estomago, no eran mariposas, tampoco gases. Era algo raro que no era feo, pero te daban ganas de vomitar de los nervios, era como si tuviera hormigas caminando locamente desde mi estomago hasta mi garganta.
Ella es una de las pocas personas que me habían sonreído en la universidad. No miento. Sólo tengo un amigo en la facultas. Mike. Bueno, me hablo también con un par de chicas de la facultad, pero esas solo sirven para ir a tomar un trago o bailar. Pero en la universidad, después de Mike quien me sonreía, porque él le sonreía a todos, nadie más lo había hecho. Yo soy como la oveja negra de literatura, y no solo porque me visto de negro, fumo y bebo, si no porque no soy sociable y no tengo el prototipo de mis demás compañeras, que usan ropa descolorida, tienen el cabello amarrado y la mayoría usa lentes con lunas gruesas.

-        Toma asiento por favor querida, ¿necesitas alcohol con algodón? –  dijo abriendo el botiquín
-        Si gracias, ¿Quién era ella? – le pregunte como quien no quiere la cosa mientras recibía el algodón con alcohol
-        Una más de las desorientadas de Arte – movió los ojos como si se arrepintiera de haber dicho eso
-        ¿Otra oveja negra eh? – le dije empapando el algodón con alcohol, mientras echaba la cabeza hacia atrás
-        Otra oveja negra – dijo sin mirarme

Se sentó frente a mí y comenzó a sacar unas fichas. La hemorragia estaba parando. Gracias a Dios. La psicóloga me pidió mis datos y comenzó a rellenarlos en la hojita. Yo respondía por inercia, había olvidado la clase de lingüística con el dolor que aun sentía en la nariz y los ojos insistentes de quien me provoco el dolor, claro sin olvidar su sonrisa torcida.

-        Lara, ¿Porque crees que te envío aquí el profesor Gasterumendi?
-        No lo sé – recordé lingüística y saque mi horario de clases del bolsillo de mi pantalón
-        No te habrá enviado aquí porque siempre llegas tarde a su clase y encima traes olor a alcohol con cigarrillos
-        Solo fue una vez, oiga no eh venido aquí para … – me levante de la silla desdoblando el papel
-        Lara, siéntate por favor, no actúes como esa desbandada – dijo alzando la voz, los lentes que traía puesto brincaron y se torcieron en su rostro, casi me río
-        Cálmese, yo solo quiero … - ella me interrumpió
-        ¿Hay algo que no quieres contarme?
-        Mire tengo clase de Lingüística, entre a cambiar la cita, me pegaron un portazo y no se porque sigo aquí – le entregue mi horario de clases y ello lo leyó atentamente
-        De acuerdo, te daré otra cita, ¿Prometes regresar?
-        Si, no me hace gracia perder una materia.

Salí de ahí corriendo a clase de Lingüista, la vieja Mendieta ya había empezado a chillar con su diccionario en mano.  Saque mi laptop y comencé a escribir todo lo que explicaba, o al menos lo que llegaba a entender. La vieja hablaba con la lengua, tipo el gato Silvestre, pero con la apariencia de la abuelita y la cabeza de Piolín. Me comencé a reír sola y me atore con la saliva. Mike estaba en todas mis clases y siempre se sentaba a mi lado, al verme reír, se comenzó a reír por mi risa. Él era así, se reía de todo, especialmente cuando le pasaban desgracias propias. Termino la clase al fin y salí de ahí con Mike y nos tiramos a fumar a uno de los jardines de la universidad.

-        Estás con una resaca
-        Mala noche nomás, dormí tarde
-        ¿Qué hiciste?
-        Rapter, luego pase por Emily a eso de las 3am, follamos un par de horas y dormí cuatro
-        Suerte, yo me la corrí chateando con mi cybernovia
-        Necesitas una mujer de verdad – le dije sintiendo pena por él
-        Si pues, pero tú no te animas – dijo pellizcándome el brazo
-        Mike, no jodas que te parto la cara
-        Ya, calma, sería muy raro, nunca he pensado en tirar con un hombre
-        ¡Idiota! – dije golpeándole el brazo de buena gana – Por cierto, hoy es la cena esa de mis viejos ¿vas, cierto?
-        Si claro, ¿irá tu Emily?
-        No creo, no sé… pensaba meterle el tema más tarde, iré a la tarde a su casa
-        Ya… bueno, van progresando, se verán en la tarde
-        Bueno… digamos que no está informada aún – Mike me sonrió triste y se quedó mirando el campus
-        Oye, ¿Esa chica te mira a ti o a mí?
-        ¿Quién?
-        La rubia esa, la de arte

Voltee la mirada y vi como la melena rubia de la chica que me sangro la nariz unas horas antes se acercaba con una sonrisa torcida en los labios. Sentí un escalofrío en el cuerpo que me erizo por completo, no se si era por el viento que cruzo en ese momento, o porque ella tenia una mirada muy fuerte y sus grandes ojos azules me intimidaban. Tenía un pantalón color caqui ancho en la pierna salpicada de pintura azul y negra, un polito blanco de tiras con manchas de pintura roja, zapatillas blancas algo sucias y las uñas pintadas de rojo.

-        Jamás pensé que jugaba en tu equipo – dijo Mike sin quitarle la mirada de encima
-        Yo menos… - dije un poco nerviosa
-        Sécate la baba que ahí viene
-        ¿Qué querrá?
-        ¿droga?
-        ¿tú crees?
-        Se ha tirado a toda la universidad, menos a mi claro está y para stone
-        ¿Quién no para Stone?
-        Ten cuidado, esa flaca está muy buena, y esas sólo terminan rompiéndote
-        Quizás no quiera droga y solo hablar
-        ¿Hablar? Sí, claro

La rubia me sonrío y me preguntó cómo estaba mi nariz.
De inmediato, Mike me quedo mirando, como preguntándome donde la había visto antes. Aunque su mirada tenía algo más de porque no me lo contaste. Me hice la loca, di una piteada previa a mi cigarrillo, alce la cabeza y mire sus ojos azules.

-        ¿tú, eres…? – le pregunté
-        Julieta – me tendió la mano y me la presiono con fuerza – y tu eres la hija del ministro
-        Ah si …
-        Me invitas un pucho
-        Claro – saque mi cajetilla de cigarros y se la ofrecí, ella me la quito de las manos
-        Cigarros importados – dijo mirando la cajita, saco uno y la guardo en su pantalón me quede atónita – oye Lara, te importaría venir un momento – me dijo y vio a Mikey - nada personal contigo flaco

El me miro extrañado, mejor dicho asustado, me tomo del brazo y balbuceó algo como “no me voy”. No podía creer que él le tenga miedo a la tipa y no a mí, es que a veces mi apariencia puede ser escalofriante. Tengo unas ojeras horribles, mi cabello siempre es un desastre (y apesta constantemente a cigarro y cerveza), me visto de negro (porque así no se nota la suciedad) y…. Bueno parezco una andrajosa, pero así soy feliz. Me solté de Mike y le guiñe el ojo, para ir con la rubia de sonrisa torcida. Camine junto a su lado sin decirnos nada a otro jardín de la universidad.

-        Dime, ¿Qué quieres? – dije a secas acercando mi mano para que me devuelva mis cigarros
-        Me dijeron que tu tienes buena hierva, me invitas un poquito – me miro y sonrió devolviéndome la caja
-        Ah eso, no ahora no tengo
-        Y ¿blanca? ¿Tienes blanca?
-        No traigo eso a la universidad, pero si te interesa tanto puedo darte el contacto

Ella me sonrió con esos labios gruesos que tenía, mostrándome un poquito de sus dientes blancos, mordiéndose el labio inferior. ¿Me va a besar por un troncho?
 Se acercó lo suficiente a mí, como para sentir su respiración golpetear con la mía y agarro la corbata que llevaba puesta (ah si lo olvidaba ese día me puse una blusa blanca corta y ceñida con una corbata negra corta y un pantalón tipo pescador negro y mis adoradas converse, bueno mis rotas y cochinas converse negras). Pude sentir su aliento, pensé que definitivamente me iba a besar. ¿Si le doy un paquete de coca, dejaría que me la tire? Me pregunté.  

-        Si quieres podemos ir a otro lado, donde tengas la blanca – me dijo casi rosando sus labios con los míos

¿Tendría suficiente coca para tirármela toda la noche?
No, mejor no. ¿Qué rayos pasaba conmigo? Estaba con Emily, claro ella siempre se largaba a mitad de la noche y solo accedía a verse conmigo a escondidas, casi al amanecer. Pero… ¿era mi novia, no? La rubia estaba buena, pero lo más probable era que si satisfacía su deseo incontrolable de drogarse, me use sólo para eso. Para que le de drogas gratis, mientras yo fantaseo con que algún día podría tirármela.
¿Por qué sigo pensando en tirármela?

-        No, no podemos, si quieres algo, consíguelo por tu cuenta – le dije separándome de ella, con mucho dolor cabe resaltar
-        Si que eres pesada – me dijo sonriendo – estoy corta de efectivo, la próxima invito yo, dale

No le dije nada, me hice a un lado y salí de ahí. Mike tenía razón. Estaba demasiado buena y esas siempre terminan rompiéndote. Ella grito a mis espaldas algo que era como “ya me buscaras” o “ya me necesitaras” no estoy tan segura, porque saque mi ipod y puse la música a todo volumen.
Cuando volví con Mike, no me preguntó nada y se lo agradecí.
Luego fuimos a las demás clases, hasta que terminaron y me fui a mi casa. Mejor dicho, a la casa de mis padres, donde solo vivía con mi hermano. Entre a la cocina para comer algo, pero como de costumbre no había nada preparado, es que casi nadie comía en casa, nadie estaba en casa para ser exactos. No teníamos empleada, porque mi mamá decía que era hora de que mi hermano y yo nos encargáramos de la casa. Claro, como ella no vivía acá.
Busque a mi hermano y lo encontré tirado en su cama con todas las ventanas cerradas. No estaba durmiendo. Estaba llorando por supuesto. Desde hacía un año estaba así, en una depresión de la que no tenía intención de salir.
Siempre estaba deprimido, demasiado deprimido, tanto que me irritaba, maldice su vida, maldice todo realmente, le jode estar vivo, le jode la gente viva. Se ha convertido en un amargado, ya no es ni el retrato del Gerard feliz de hace un año. Encima de eso últimamente no controla lo que bebe, fuma, aspira o inyecta. Y como si eso no fuera poco, siempre esta cortándose o haciéndose alguna cosa, a veces lo noto lleno de golpes en el rostro, mi madre siempre le pregunta asustada que le paso y el inventa que lo asaltaron o golpearon, pero la verdad es que el mismo se golpea contra la pared o con algún objeto. Gerard siente que no merece vivir, que no debe hacerlo. Le jode recordar que sigue vivo, le joden mis viejos, le jodo yo, le jode todo.
Le dije que pediría una pizza para almorzar, pero no contestó. Fue ahí donde me fije que tenía los brazos cortados. Otra vez. Lo levante de la cama casi a rastras y lo metí al baño. Seguía llorando como un niño chiquito. Abrí el grifo y puse ahí sus brazos para limpiar las heridas y curar sus cortes. Él no me decía nada, tenia el labio reventado, realmente me daba pena.

-        Deberías dejarme morir
-        Si quisieras morir, ya estarías muerto. ¿No te da cosa tener todas esas cicatrices?
-        No, total nadie me va a mirar

Vende sus brazos y pedí la pizza. Él se quedó mirando la nada, a mi lado. Yo aproveche para enviarle un mensaje a Emily, diciéndole que iría a verla en un ratito a ver como estaba, pero no me contestó. Saque ropa limpia para que Gerard se cambie y me metí a mi habitación para bañarme. Realmente necesitaba esa ducha.
Luego me puse algo de color para Emily. Ella no era fanática del negro como yo y le jodia un poco mi luto permanente, así que me puse un polo amarillo y unos jeans, solo para complacerla. Baje a la cocina y comimos la pizza con gaseosa en silencio. Mi hermano no presto atención la ropa colorida que traía puesta y solo quería terminar la pizza para poder seguir golpeándose.
Me dio pena dejarlo sólo, pero sabía que mis viejos llegarían tarde o temprano, porque hoy tenían una cena con sus amigos en casa y se iban a pasar en cualquier momento.

Maneje los cuarenta minutos que me da llegar hasta el departamento de Em. Antes pare en una gasolinera a comprar cigarros para mí y chocolates para ella. Al fin llegue. Emily vivía en esos departamentos del malecón balta en Miraflores. Estaba en el piso 10.Así que aproveche el trayecto del ascensor para peinarme un poco y echarme labial rojo en los labios. En su departamento se escuchaba “Don´t Speak” de No Doubt no pude evitar reírme por lo cursi que era. Toque el timbre y empecé a sonreírle al ojo mágico. Pasaron unos 30 segundos y no abría, volví a tocar esta vez con más insistencia y escuche ruidos, la música desapareció y luego de 30 segundos más, ella al fin me abrió la puerta.

-        ¿Qué haces aquí? – me dijo en voz baja, tenia el vestidor de dormir y su bata de seda roja abierta
-        Hola Em – le dije acercándome para besarla, pero me esquivo el rostro, la miré desconcertada – te traje esto – le ofrecí los chocolates pero ella no los agarro
-        ¿Porque no me dijiste que venias? – dijo cerrándose la bata que tenia puesta
-        Te mande miles de mensajes, ¿pasa algo? – la mire con desconcierto
-        Lara, mira es que – salió del departamento y se paro detrás de la puerta cerrándola – han pasado cosas y me olvide de contártelas
-        No te entiendo – le dije prendiendo un cigarro - me puse colores, ¿viste?
-        Lara, volví con mi novio
-        ¿Con tu que? - ¿novio? ¿yo no era su novia?
-        Fue hace unas semanas, nos reencontramos y comenzamos a salir de nuevo, pensaba decírtelo, pero realmente me divierto contigo, ahora supongo que es mejor que lo sepas, porque Howie me a pedido matrimonio… y le eh dicho que sí.

Eh haber si entiendo. Tiene novio, si novio y este… ¿yo? Digamos que sentí, como si la burbuja donde vivía muy feliz con Emily, donde todo era perfecto y estable de color gris rosa  – porque su rosa y mi negro daban ese color – se había reventado gracias a Howie, el futuro marido de mi novia, ex novia, espera… ¿novia?

-        Se supone que estamos juntas, Emily soy tu novia
-        ¿novia? – me dijo entre burlona y a la defensiva, creo esto es demasiado -Lara la pasamos bien, pero ¿novia? – se rio

Confirmado, no era mi novia, pero entonces que rayos era, la chica triste que la hacia reír, la tonta que le regalaba libros y escribía poesía, la que le teñía el cabello de ese rojo horrible color cereza que tenia, la estupida que le daba la mano y le metía la mano mejor que ese Howie, la que le daba un orgasmo en 3 minutos, que mierda era yo para ella…

-        O sea… yo era… ¿era algo? O sea ¿soy algo para ti?
-        Lara… - me quedo mirando en tono de disculpa – tengo que volver con Howie, hablamos otro día, me caes bien y me gustaría que me ayudes con la boda.

¿Le caigo bien? ¿Quiere que la ayude con la boda? No, creo que no eh entendido, o quizás escuche demasiado bien e intento desviar el tema, no pensar, no entender, no querer vivir la realidad. Emily había dejado de ser la princesa de los cuentos de hadas donde yo era su princesa de negro que venia en un caballo a rescatarla, a ser la malvada bruja pelirroja, una aprovechadora que usa a niñas que visten de negro sin amor propio. La maldita me había usado a su antojo y yo estaba hecha una pelotuda parada en la puerta de su casa con chocolates en la mano.

-        Creo que te equivocaste conmigo… - le dije y retrocedí unos pasos
-        Lo siento, yo solo quería pasarla bien, un break eh o sea… –  se puso nerviosa, no se si por mi mirada, o por que se había dado cuenta de la estupidez que me había dicho, así que cambie la mirada por una dulce, algo que la puso mas nerviosa
-        ¡Suerte con la boda! – le dije intentando disimular mis ganas de ahorcarla ahí mismo.

Salí de ahí caminando despacio, aun con la sonrisa en los labios. ¿Por qué me reía? Ni yo lo sé, te juro que no lo sé, quizás era para que no se dé cuenta de que me había partido en pedacitos microscópicos y estaba a punto de pedirle prestado a mi hermano Gerard una de sus navajas para jugar 3 en raya en mi piel, no lo sé. Tenía ganas de sacar todo esto, de escribir las – tiernas – palabras de Emily y quemarlas para que así no me dolieran más. Porque si me dolieron, aunque me ponga fuerte y le halla sonreído sin rencor, estaba hecha mierda, y solo quería olvidar todo esto. Olvidar que la conocí, olvidarme de ella, aunque eso era imposible en estos momentos, tan solo había pasado unos minutos, pero yo seguía luchando con mis pensamientos dentro de mi camioneta.

Cuando al fin llegue a casa, está ya estaba arreglada en un dos por tres por la servidumbre que entraba y salía rápidamente por todos lados, y se olía comida preparándose en la cocina. Mamá estaba inquieta iba de un lugar a otro, papá estaba revisando unas hojas junto a su abogado, no quise interrumpirlo y lo salude con la mano. Me sonrío, creo que le agrado verme de color. Donald es el papá de Gerard. Mi madre se caso con el al poco tiempo de haber nacido yo, mi padre biológico, era un tipo que veía en vacaciones y siempre me invitaba porros, a Gerard le caía bien, a mi también, aunque a veces pienso que soy un poco infeliz por su culpa. Siempre que nos vemos me cuenta malas noticias, me dice cosas algo perturbadoras y nada productivas, se queja conmigo, me grita y claro me da todas las drogas recreativas que yo pueda imaginarme.
Subí a mi habitación, me bañe, si leíste bien me volví a bañar, sentía que olía a Emily, obviamente no, pero quien entiende mi mente.
Me puse la ropa que mama ya me había alistado en la cama y debí usar para la bendita cena de papá con sus amigos diputados y baje al vestíbulo. Gerard estaba ya abajo, tenia un terno gris y estaba muy bien peinado, no era ni rastros del desperdicio humano que se auto mutilaba unas horas antes.
Me acerque a alguno de los invitados y salude cordialmente, ni siquiera yo me la puedo creer, pero lo hice, quería mucho a Donald, haría de todo por el, a sido mas que un padre para mi. Además de eso, sabia que Mikey estaba por ahí, lo había invitado yo para no aburrirme sola, imagine que mi hermano se iba a perder con alguien esa noche y no fue la excepción.

-        Donde andabas, estoy aburridísima – le dije
-        Hola – me dio un beso en la mejilla y lo abrace – por un momento pensé que no venias de lo de Emily
-        Acaba de terminar conmigo
-        ¿Que? ¿Pero que paso? ¿Te sientes bien?
-        Volvió con Howie su ex, y no estoy bien… es una perra, nunca fui nada para ella
-        No puedo creerlo – me dijo con sarcasmo
-        Ya, no jodas – tome otra copa de champagne y la bebí hasta el final – maldita sea
-        Veo que hoy no fue un buen día para nadie, yo pelee con Ana Paula
-        Eso no es novedad, esto te pasa por meterte con mocosas
-        Lara no jodas, tu estabas con una vieja
-        Yo no tengo 15 años y vivo aquí, no en otro país como tu chibola que encima es tu cybernovia

Seguimos conversando por un buen rato, el no dejaba de hablarme de Ana y yo no dejaba de maldecir a Emily, vaya nochecita. La cena comenzó, mi viejo hablo del gobierno, de gastos, de inflación y no sé qué más. Luego terminó la cena y quede con Mike en almorzar al día siguiente.
Subí a mi habitación con una de las botellas de vino que robe de la cena y con  alguna razón inexplicable, en ese momento me olvide de Emily y recordé a la rubia de ojos azules y sonrisa torcida. No pude evitar tocarme pensando en ella. Su melena salvaje, sus ojos grandes, azules e irritados, sus gruesos labios, su cuerpo delgado formado, la imaginaba a mi lado, desnuda, acariciándonos. Abrí los ojos, ella no estaba ahí, y al instante recordé que tenía mucha yerba en casa.
Creo que tenia razón, la iba a buscar pronto.