miércoles, 12 de mayo de 2010

FRONTERA 2010


Miércoles, 12 de mayo de 2010

Lo que paso en frontera 2010

Okay, no piensen que recién llego de Jujuy, llegue el domingo, es que antes quise organizarme mis fotos (en mi larga lista de hobbies también se encuentra la fotografía) además de mi armario, dormir comer, y bañarme… bañarme.

Bueno, todavía me queda bastante por hacer pero antes quiero contarles antes de que estos recuerdos se vayan borrando desde el chusmerio en el baño hasta la sonrisa de los nenes cada vez que los veíamos.

El viaje de ida fue algo loco, muchos se preocuparon cuando decidí sentarme en el piso porque el único lugar libre fuera con los profesores, pero al final no hubo uno que no haya estado parado boludeando por un rato. Prácticamente nadie durmió, y los que durmieron sufrieron las típicas bromas de viaje escolar, llegamos a santiago del estero y la joda siguió en el hotel, hasta que los profesores nos mandaron a dormir y nos tuvimos que conformar con ver la hipocresía de los Martín Fierro o jugar a las cartas… ¿dormir? Jamás.

A la “mañana” siguiente (lo digo entre comillas porque solo paso una hora y media desde que pude cerrar los ojos hasta que nos despertaron, y se que muchos ni siquiera durmieron) nos quemamos con las medialunas recién hechas y seguimos viaje. Para el mediodía ya habíamos pasado por gendarmería nacional de Jujuy (no estoy segura de que era, supuse que era eso porque todos los camiones eran verdes). Lo único que querían todos era llegar a Susques pero cuando llegamos nadie quería estar ahí, créanme, una parada de camiones no es el lugar mas lindo del mundo. Los camioneros no nos miraban muy bien que digamos, y los que no nos miraban era porque su vista estaba posada en una revista que cualquiera se sonrojaría al comprarla, de hecho nosotras nos fuimos antes que los chicos y alguien dijo que cuando nosotras nos fuimos los camioneros se subieron a sus camiones y siguieron su camino. Otra situación extraña con la gente de Susques le paso a unas amigas, el gendarme que sabia que somos de Quilmes les pregunto si conocían el bosque (N/A: el bosque es un boliche de acá) cuando al fin se estaba poniendo el sol como no entrábamos todos junto con los bolsos y las donaciones a las chicas nos mandaron en una combi. Apretujadas tratando de no ver para afuera porque daba miedo el camino llegamos al colegio, no podíamos creer que varios de los nenes y mucha gente del pueblo estuviera ahí siendo cerca de las 10 de la noche con el frío que hacia.

Nos pusimos a descargar las cajas en la oscuridad, algunos cuando ya estábamos terminando decidieron acercarse a los nenes y contarles que era lo que íbamos a hacer con ellos y con su escuela al día siguiente (N/A: que ustedes si prestaron atención a mi emoción semanas antes ya sabrán que es ¿no?). Nos indicaron a donde dormiríamos, descargamos los bolsos y al fin pudimos dormir después de mas de 30 horas arriba del mismo micro al fin pudimos dormir, Pero la mayoría gracias a la maravillosa altura no pudieron porque se la pasaron vomitando o temblando del frío

Muchos nos despertamos por la ansiedad un rato antes de que la escarcha comenzara a derretirse, pero otros no tuvieron tanta… “suerte” se podría decir, porque fueron despertados por las goteras del techo. Levantamos nuestras camas antes de que se nos inundaran las bolsas de dormir y nos fuimos al colegio que quedaba prácticamente en la otra punta del pueblo, ósea, a una cuadra.

Demasiado inseguros cantamos el aurora, y volvimos a demostrar que en Buenos Aires somos tontitos, no sabemos cantar el aurora (y me incluyo). Desayunamos divididos en diferentes aulas mate cocido (a mi gusto uno de los mejores) con pan con algo que no estábamos seguros que era, cuando preguntamos como le decían la respuesta fue como siempre la más simple: mortadela.

Y nos pusimos a trabajar: unos a lijar, otros a jugar con los nenes, y otros a tratar de recomponerse porque estaban más que dados vueltas gracias al clima y la altura.

Arrancamos con los típicos juegos de taller literario, después de clase de gimnasia, y a la tarde a dibujar.

Todos los días después del almuerzo ellos nos mostraron algo suyo y nosotros sentimos que les teníamos que enseñar algo nuestro, y a la profesora de música no se le ocurrió nada mejor que enseñarles celebra la vida, desgraciadamente ni nosotros estábamos seguros de la letra, pero nos la aprendimos todos, ellos mucho mas rápido que nosotros. Y así se fue el primer día.

Y llego la segunda noche, nadie quería dormir, eran recién las nueve y a pesar de que todos estábamos cansados, nadie quería dormir, así se armo al fin, el esperado, el famoso, el a veces odiado y a veces amado: el chusmerio, quien dormía con quien, quien se había perdido en la montaña con quien, quien estaba enfermo, quien se hacia el enfermo… pero al fin unas horas después el sueño nos venció.

El segundo día todos procuramos levantarnos antes de que la escarcha comenzara a derretirse, pero otra vez hubieron rezagados que tuvieron que levantar sus cosas cuando ya estaban bastante mojadas. En el camino al colegio oímos que uno de los nenes iba cantando celebra la vida. No podíamos creerlo que una canción que a nosotros nos había parecido tan insignificante ellos en menos de un día se la hubieran aprendido.

Ese día en la mañana me toco pintar, la verdad mi pantalón no estuvo muy contento con eso, todo lleno de gotitas de pintura rosada, y no les cuento los puños de mi camiseta… ah porque mis guantes los tuve que tirar. Creo que la pintura no es lo mío definitivamente. Después del mediodía nos mostraron algo así como un bautismo de llamas, ver a los mas chiquitos disfrazados fue lo mas lindo y tierno y…me quede sin palabras para describirlo, enserio fue hermoso.

En la tarde por suerte me toco hacer otra cosa, esto si es lo mío, o eso creo. Con un compañero hicimos una versión cómica e infantil de drácula, mi personaje quería a toda costa que el vampiro la mordiera (N/A: muy yo) pero ella al final lo terminaba matando sin querer. Nunca escuche tantas risas juntas y eran solo de 23 chicos, bueno 21 porque dos se asustaron, pero también cuentan, porque también les provocamos un sentimiento. En fin, nunca me sentí tan… llena que como en ese momento al escuchar las risitas de esos nenes tan lindos que tanto me hacen acordar a mis sobrinos (N/A: los amores de mi vida).

Esa noche siguió el chusmerio acompañado de saber que al día siguiente íbamos a comer un asado en el medio de la montaña. Yo en particular pensaba que íbamos a ir a un anfiteatro que se veía desde la escuela y ya me perecía que iba a ser difícil llegar ahí. Pero no, cuando llegamos al anfiteatro me dijeron que ese era solo el principio del camino, y yo con mi boca tan limpia que tengo se imaginaran las cosas que abre dicho (tuve que estar una semana sin putear pero no me resistí, delante de los nenes no se me escapo ni una palabra pero cuando estaba con mis compañeros aprovechaba a putear todo junto, sobre todo a la noche con uno que me sacaba la frazada y el otro que me estornudaba en la cara sumado a que no había uno que no roncara o hablara dormido y me incluyo en hablar dormida). Al fin después de casi una hora de caminata divisamos a donde era que íbamos a comer, y nos dimos cuenta que llegaba la parte mas difícil, veíamos a los nenes que hacia un rato nos habían dicho que el lugar quedaba “ahicito nomás” y para ellos les era fácil, ellos llegaban en cinco minutos, para ellos era ahicito nomás porque iban y venían del lugar corriendo mientras nosotros apenas podíamos bajar una de las piedras tratando de no caernos resistiendo el vértigo que nos daba mirar para abajo.

No se dan una idea el alivio que sentí al tocar tierra firme (aunque seguía teniendo miedo, porque sabia que no nos iban a ir a buscar en helicóptero) los varones se pusieron a jugar al futbol con los nenes, las chicas charlamos con las nenas que se probaban nuestros lentes de sol mientras los adultos de la comunidad se encargaban de el asado. Tengo tendencia al vegetarianismo (N/A: como se diga) pero tengo que decir esto, ese chivito estaba buenísimo (N/A: increíblemente no recibí tantas burlas del estilo “la Chivytah esta comiendo chivito” como esperaba, solo mi hermano cuando volví a buenos aires). Y no les cuento el anchi (N/A: postre que nunca supe que tenía)

Mientras almorzamos nos sentamos a charlar con los chicos mas grandes que tomaron confianza y nos contaron de una forma rara que es el canchi canchi “lo dijo el Juanito, mi abuelito con mi abuelita toda la noche canchi canchi” linda linda coplita. Estos nenes son mucho mas vivos que los nenes de Buenos Aires, definitivamente les pasan el trapo en viveza y lo digo posta. Les enseñe a usar mi cámara y casi me llenan la memoria, pero eso es bueno, me traigo muchísimos recuerdos lindos de ellos.

Volver fue más difícil que ir, subir a una piedra definitivamente no es lo mismo que bajarla, y más con el peso del chivito y el anchi encima. Gracias a dios llegamos todos vivos otra vez al colegio, y seguíamos sin entender como un viejito con una parrilla en su hombro haya hecho más rápido que nosotros.

Esa noche fue algo triste, antes de comer nos quedamos con los nenes en la calle cantando “un tallarín, que se mueve por aquí, que se mueve por acá ♫” pero lo triste iba a venir al día siguiente.

En la mañana ya sabíamos que era el último momento con muchos de ellos, que a las tres de la tarde vendría el camión y no íbamos a ver más a los albergados que se iban al campo con sus padres por el fin de semana. Sin embargo seguimos como un día normal, a mi me pusieron a acomodar los regalos, para quien era cual, acomodarlos por edad y eso.

El acto esta vez fue antes del almuerzo, todos estábamos con nuestras remeras hasta las chicas que iban a bailar tango tenían arriba del vestido esa remera con el mismo logo que la profesora de plástica dibujo en la pared de la entrada (N/A: que por cierto la del mural quedo con una mano con 6 dedos). Después del acto vinieron las típicas palabras de la directora, esas con las cuales me prometí no llorar y llore, estaba casi segura de cuales iban a ser, siempre en los momentos emotivos se dicen cosas parecidas, y siempre todas las boludas lloramos, yo no suelo llorar y llore, todos estaban llorando, hasta alguien que el primer día dijo yo no los voy a agarrar de la mano logro encariñarse con los nenes y lloro, pero cuando le dije que me equivoque que si tenia corazón me prometió poner un pie en el micro y ser la misma basura de siempre, espero que no cumpla con sus promesas.

Durante el almuerzo de los profesores se escuchaba algo así como una organización de algo, podemos hacer una quermés, un bingo y con el teatro de este año el año que viene los llevamos para Buenos Aires, me alegre tanto cuando oí eso, pero hay que ver si se puede concretar. Desde nuestro lugar se escuchaban coplitas que oímos cantar a los nenes y desde los nenes se escuchaba celebra la vida o tarareaban un tango.

Levantamos la mesa rápido y empezamos otra vez “un tallarín, que se mueve por aquí, que se mueve por acá ♫” pero los que aun tenían que pintar nos echaron así que fuimos a hacernos cosquillas a la canchita. Tirados ahí riéndonos sin saber de que sabiendo que era uno de los últimos momentos juntos. Ojala alguien hubiera tenido una cámara en ese momento, pero creo que si alguien hubiera dicho foto foto la magia se hubiera ido.

Nos dimos un último baño porque sabíamos que al día siguiente emprendíamos la marcha y otra vez 30 horas arriba de un micro. Después de la cena todos incluso los seis chicos que dormían en el pueblo nos fuimos al galpón y charlamos ahí hasta muy muy tarde. Los íbamos a extrañar pero no podíamos decírselo, no podíamos permitir que ese momento tan mágico y alegre se nos fuera en llantos como al mediodía así que no dijimos nada.

Durante el desayuno seguíamos llorando, desagotamos el galpón y nos pusimos a esperar el camión, nos levantamos a las 6 para que el camión llegara a las 10 y de mientras que podíamos hacer sino aprovechar el tiempo que nos quedaba y jugar con los nenes. Fue raro, reí y llore al mismo tiempo, pero me di cuenta que ya no tenia que llorar, el camión estaba en camino y ya no había vuelta atrás (N/A: como dije antes de irme no hay vuelta atrás… nunca hay vuelta atrás) seguimos jugando y llego el camión, el maldito camión y junto con el la hora de irnos, abrase a cada uno de los nenes con toda mi fuerza y subí como pude al camión.

Cuando el camión arranco escuchamos como los nenes corrían atrás del camión y gritaban supongo que de alegría, de agradecimiento… nadie se atrevió a decir nada. Cuando dejamos de escucharlos al fin volvieron los chistes y las bromas. Intentando desviar mi mente de la sonrisa de cada uno de ellos y no llorar pensé en lo feliz que estaba de no haber vomitado ni una noche, y adivinen que me paso… vomite.

Llegamos a Susques y al toque nos subimos al micro y ahí ¿saben que? Seguí llorando, intentando que nadie me viera, no estaba segura si era porque quería volver con los nenes o volver con mis viejos y mis sobrinos, intente leer pero no me pude concentrar, intente escribir pero las palabras no me salían, intente escuchar música pero el volumen de Cacho Castaña que escuchaban los profesores logro tapar a Placebo, cuando al fin logre calmarme llegamos a Purmamarca a almorzar y comprar chucherías, me gaste toda mi plata antes de poder comprarme algo a mi, cada cosa que veía se me presentaba alguien diferente en la mente y se lo compraba.

Terminamos de almorzar a las 5 de la tarde y seguimos viaje, la mayoría durmió hasta el día siguiente pero yo no, mi cabeza daba demasiadas vueltas como para dormir, al fin a las once con todo el micro en silencio concilie el sueño.

Al día siguiente a las 5 y media de la tarde llegamos a Buenos Aires. Cuando estábamos cerca del colegio pensaba en las cosas que extrañe y las cosas que no… extrañe a mis viejos pero no extrañe al facebook, extrañe a mis sobrinos pero no extrañe la tele, extrañe a mi tía pero no extrañe el blog (N/A: bueno, a ustedes si, pero el blog el blog no) extrañe a mis hermanos pero no extrañe mi almohada, extrañe hasta a mis cuñados y no extrañe ni la estufa… de hecho no me di cuenta que me faltaban todas esas cosas sino hasta que puse un pie nuevamente en el micro. “gendarmería” grito alguien cuando paramos en un semáforo a dos cuadras del colegio, eso hizo que me saliera de mis pensamientos, agarre mis cosas y los regalos y seguí pensando que iba a extrañar el aire puro la bondad y la alegría de esas personas, el chusmerio en el baño, el chusmerio en el galpón, el chusmerio en la cena, bueno el chusmerio, y sobre todo a los nenes… a Zaida, a Eric, a Kevin, Alex, Orlando, Rolo, Elisa, Zulma, Adelma, Zulema, Ivan, Enzo, Noel, Samuel…


2 comentarios:

VampirePrincess dijo...

wow! q lindo viaje hiciste, muy emotivo...
es bueno saber q se puede ayudar a mucha gente solo con una sonrisa no?
30 horas pasate en un bus? oh my X_x y yo con 1 o 2 m aburro a mil!
sabes tienes razon cuando stas lejos d tu familia directa o indirectamente te das cuenta cuanto significan para ti y se les extraña (:

Chivytah dijo...

huy si fue hermoso, y las treinta horas tambien
de ida porque fui jodiendo y de vuelta porque fui durmiendo jaja